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Rascacielos de cerámica: cuando la terracota conquista las alturas

30 septiembre 2026


Cuando pensamos en un rascacielos nos vienen a la cabeza acero, hormigón y enormes superficies de cristal. La cerámica parece pertenecer a otro tipo de arquitectura. Sin embargo, basta mirar algunos edificios recientes para comprobar que también puede escalar cientos de metros.
Hay ejemplos muy llamativos. 111 West 57th Street, en Nueva York, alcanza los 435 metros y utiliza terracota en sus fachadas este y oeste. Wasl Tower, en Dubái, llega a los 302 metros y recurre a miles de aletas cerámicas para controlar la radiación solar. Otros edificios la emplean por su durabilidad, su textura o sus posibilidades estéticas.
Nos interesa justo esa combinación. Estamos ante un material antiguo que ha encontrado un hueco en algunos de los rascacielos más avanzados del planeta.


¿Por qué utilizar cerámica en un rascacielos?

La resistencia es una de las respuestas. Una fachada está expuesta durante décadas al sol, la lluvia, el viento y los cambios de temperatura. La cerámica soporta bien estas condiciones y requiere poco mantenimiento.
Pero podemos añadir otras ventajas:

  • Permite crear piezas con relieves y formas a medida;
  • admite numerosos colores, esmaltes y acabados;
  • funciona bien en sistemas de fachada ventilada;
  • puede formar elementos de protección solar;
  • aporta profundidad y textura a edificios dominados por el vidrio.

Y aquí encontramos uno de los aspectos que más nos sorprenden: la cerámica también puede participar en el control del calor. No enfría por sí sola. El efecto surge cuando forma parte de una fachada diseñada para dar sombra, reducir la radiación solar y favorecer la ventilación.


111 West 57th Street: terracota a 435 metros de altura (H2)

Uno de los ejemplos más espectaculares está en Manhattan. El rascacielos 111 West 57th Street, alcanza los 435 metros de altura y cuenta con 82 plantas. Es uno de los edificios más esbeltos de Nueva York.

Una fachada que recupera la cerámica del Nueva York clásico

Sus caras este y oeste combinan terracota, vidrio y elementos de bronce. Las piezas cerámicas forman pilastras con perfiles ondulados. El relieve crea juegos de luces y sombras que cambian según observamos la torre.
La elección tiene además una razón histórica. SHoP quiso recuperar un material ligado a los grandes rascacielos neoyorquinos del siglo XX y reinterpretarlo con herramientas de fabricación actuales.
Aquí la cerámica cumple sobre todo una función arquitectónica y estética. Sirve para romper la imagen plana de una torre de vidrio y conectar el edificio con la tradición Art Déco de Manhattan.


Wasl Tower: la cerámica como protección frente al calor

En Dubái encontramos otro enfoque. Wasl Tower mide 302 metros y está cubierta por miles de aletas de terracota. Su ubicación hace que el control del sol sea una cuestión clave.

Una segunda piel cerámica alrededor del edificio

Las aletas cambian su disposición según la orientación de la fachada. Su función es generar sombra y reducir la ganancia de calor sin impedir la entrada de luz natural.
Entre esta capa cerámica y el cerramiento interior queda una cámara que favorece la circulación del aire. Según los datos publicados sobre el proyecto, el sistema permite reducir en torno a un 10 % la demanda de refrigeración frente a torres de cristal más antiguas de Dubái.
Es un buen ejemplo de aquello que nos llamaba la atención al hablar de este material: podemos elegir cerámica por su resistencia, pero también podemos integrarla en una estrategia para mantener el interior unos grados más protegido del calor.


One Vanderbilt: terracota en pleno Manhattan

Nueva York nos ofrece otro caso interesante. One Vanderbilt utiliza una fachada de terracota cuyo diseño toma referencias de las piezas cerámicas de la cercana Grand Central Terminal.

Cerámica para relacionar un rascacielos con su entorno

Aquí el objetivo cambia otra vez. La terracota aporta color, textura y una conexión visual con uno de los grandes edificios históricos de la zona.
El ejemplo demuestra que la cerámica puede tener sentido en un rascacielos incluso cuando el control térmico no ocupa el centro del proyecto. La elección del material también permite que una torre nueva dialogue con la arquitectura que tiene alrededor.


1865 Broadway y Standstrasse: más formas de llevar la cerámica a las alturas

No hace falta superar los 300 metros para encontrar usos interesantes.
En 1865 Broadway, un edificio de 125 metros diseñado por SOM en Nueva York, placas cerámicas blancas forman una cuadrícula alrededor de la fachada. Las piezas tienen volumen y diferentes curvaturas, lo que da profundidad al exterior del edificio.
El rascacielos residencial de Standstrasse, en Berna, nos muestra otro escenario: la rehabilitación. En 2016 su fachada se renovó con placas cerámicas esmaltadas. Según Moeding, el revestimiento reduce el mantenimiento y prolonga la vida útil de la envolvente exterior.


Un material muy antiguo para edificios cada vez más altos

Si juntamos estos ejemplos, vemos que hablar de rascacielos de cerámica puede resultar engañoso si imaginamos enormes torres construidas por completo con este material.
La clave está en su piel.
Podemos encontrar terracota y otros productos cerámicos formando pilastras, aletas solares, placas ventiladas o piezas decorativas. En algunos proyectos buscamos controlar mejor el sol. En otros, reducir el mantenimiento o crear una fachada con más relieve.
Y quizá ahí esté la mayor curiosidad. Hemos utilizado cerámica en arquitectura durante miles de años y ahora podemos encontrarla a más de 400 metros sobre el suelo.


Preguntas frecuentes sobre rascacielos de cerámica

¿Existen rascacielos construidos con cerámica?

Cuando hablamos de rascacielos de cerámica nos referimos, por lo general, a edificios que incorporan el material en su fachada o revestimiento. La estructura sigue recurriendo a materiales como hormigón y acero.

¿La cerámica ayuda a reducir el calor dentro del edificio?

Puede hacerlo cuando forma parte de un sistema de protección solar. Wasl Tower es un buen ejemplo: sus aletas de terracota generan sombra y trabajan junto con una cámara ventilada.

¿Cuál es uno de los rascacielos más altos con terracota en su fachada?

111 West 57th Street, en Nueva York, alcanza unos 435 metros y utiliza pilastras de terracota en dos de sus fachadas. Wasl Tower, con 302 metros, destaca por el uso de una envolvente cerámica vinculada al control solar.